Desmontando “la Autoestima”



A continuación enlazo algunos extractos de mi libro Adicción al Pensamiento (ampliado y revisado) en los que abordo el tema de la autoestima de una manera crítica:

¿Y qué es eso del auto-concepto? Expresado en términos sencillos, la Psicología distingue dos grandes dimensiones en lo que conocemos como auto-concepto: La “autoimagen”, o percepción, evaluación y juicio que una persona hace de sí misma, y la “autoestima”, que es el tipo de afecto y aprecio consecuente que alguien siente por sí mismo. Cuanto mayor es la diferencia o distancia que existe entre lo que eres y lo que quieres ser o crees que deberías ser (según tu programación y cultura), entre cómo te ves (físicamente, intelectualmente o a cualquier otro nivel) y cómo quieres verte, peor es el juicio de tu autoimagen y más pobre es tu autoestima. Como no me gusto, no me quiero; y como no me quiero no me cuido, ni me respeto, ni me hago respetar para llegar a quererme. Si me evalúo desde fuera y me gusta lo que veo, sube mi autoestima; si me evalúo desde fuera y no me gusta lo que veo, baja mi autoestima. Pero esto es así cuando estás más fuera que dentro, cuando tu conciencia reside más en tu pensamiento o idea de lo que deberías ser que en lo que eres de hecho, cuando estás más situado en tu idea de ti mismo que en tu realidad interna (porque al no gustarte tu realidad interna te alejas subjetiva e ilusoriamente de ella). Para atenderte y evaluarte hacia dentro tienes que estar mentalmente fuera, y quizá seas muy poco consciente de cómo haces tal cosa. Ámate a ti mismo y te desdoblarás; pero sencillamente sé tú mismo, y te liberarás. ¿Amarte incondicionalmente? Eso no es amarte, es sencillamente ser. Si siempre está bien no existe la bondad, si hay bueno ha de haber malo, porque son juicios que existen por contraste. Es preciso por tanto escapar del juicio, de la dualidad. Sólo entonces puede haber paz interior, es decir, ausencia de conflicto y lucha interna. Por eso puede haber personas con alta autoestima y, sin embargo, con poca paz interior, porque son experiencias situadas en planos diferentes. En la autoestima siempre hay insaciabilidad e imperfección, siempre hay frustración. Hablamos de reconquistar la paz interior, que es un elemento absolutamente central de la felicidad.

… Con mala o buena autoestima, te mantienes al fin y al cabo dentro del peligroso tablero de juego de la autoestima, más allá o más acá en la dualidad, en el corredor de los opuestos. No se trata de correr mucho o poco, mejor o peor que otros, sino de abandonar la carrera. Ahí está el cambio de paradigma. ¿Por qué no permanecer sin más en lo que eres, en contacto consciente con tu realidad y verdad interna, que te guste o no sigue siendo tu realidad presente, e intentas ir acercándote a lo que quieres “ir siendo” desde dentro hacia fuera, sin alejarte nunca de tu propio cuerpo y de tu realidad interior? En eso consiste no engañarte. Puedes mejorar y transformarte partiendo de la aceptación de la realidad externa y de la aceptación incondicional de ti mismo, de tu propia realidad interna. Como hemos discutido, aceptación no es resignación, es crear el posicionamiento y el sentido adecuado, permitiendo un movimiento naturalmente fluido. El juego de la autoestima es uno de los procesos más engañosos del timo de la mente, alimentado tanto por la psicología de autoayuda más simplista como por la psicología académica. La autoestima implica, por definición, juicios de valor, esfuerzo insaciable por conseguir valor o para no perderlo, y no es más que la internalización, en la propia autorrelación, del patrón competitivo-comparativo que domina en las relaciones externas. Y de este modo, el juego de la autoestima dificulta la conciencia y la comprensión de las cosas, ya que todo enjuiciamiento tapa la observación y el conocimiento. Para observarnos con atención y curiosidad y llegar a comprender nuestros procesos tenemos que aceptarlos, no juzgarlos. El autoconocimiento requiere de esta actitud meditativa.

Por tanto, lo que necesitas no es más autoestima ni mejor autocontrol, sino una presencia intensa y una individualidad fuerte, un permanecer en lo que eres, y en lo que es. Necesitamos conocer y respetar nuestro sello personal, nuestras dotes naturales, fortalecer nuestra conciencia de ser, de existir, y usar el pensamiento desde ahí. … Reto su prestigio y sostengo que, usando los términos en sentido riguroso, el autocontrol y la autoestima son dos de las grandes y prestigiosas trampas asumidas de nuestro tiempo. Aunque esta afirmación descalificadora de las estrategias en torno a la autoestima y el autocontrol pueda parecer radical y poco acorde a la ciencia establecida, es algo que debe haber quedado conceptualmente claro llegados a este punto, pero si se ha seguido el trabajo del libro en los términos adecuados y sugeridos, también debe ser algo experimentado. Consideremos la metáfora de la vida en una prisión. La Psicología oficial y el conocimiento usualmente divulgado nos ofrecen conceptualizaciones y estrategias válidas de autoestima y autocontrol para buscarnos bien la vida en el interior de la cárcel, para procurarnos una vida lo bastante segura y confortable; de lo que yo te estoy hablando es de que es posible salir de la prisión, para descubrir que esas estrategias y conceptualizaciones no sólo no son necesarias aquí fuera, sino que contribuían a acomodarnos y resignarnos dentro. Es por este mismo razonamiento por lo que no enfoco habitualmente la esencia de mi trabajo en enseñar a las personas a cosas como relajarse o a desahogarse, sino a no dar lugar a fabricar ansiedad ni ahogos; de hecho, las estrategias para desahogarse son las que nos acomodan y resignan en cuanto a volver a crear el ahogo siguiente (persistiendo en ciertas conductas, decisiones o estilos de pensamiento).

En definitiva, considero que la autoestima y el autocontrol son grandes conceptos patológicos que la propia psicología académica y tradicional asume como naturales y fomenta, y con los que en todo caso nos procura enseñar a lidiar mejor con nosotros mismos y con la vida. Obviamente estoy mostrando y justificando mi discrepancia al respecto, y cuestionando las premisas de lo que en realidad considero un mero posicionamiento ideológico, y no una verdad establecida e insoslayable. La única ausencia de ideología está en la plena aceptación, porque la aceptación no es otra cosa que la presencia en la realidad, incluyendo aquí tú realidad interna. El juego de la autoestima te llama al enjuiciamiento, al engaño y al conflicto.

Hay una cierta tendencia, pero que se potencia y amplifica en nuestro paradigma de vida (incluso a través de las diferentes épocas y culturas) a vivir en estado de deseo e insuficiencia. Debido a factores educativos y culturales creemos que debemos ser mejores de lo que somos, más bellos, más jóvenes, más ocurrentes, más cultos, más populares, más tranquilos, más alegres, más motivados, más fuertes emocionalmente, más perfectos, más exitosos… Aprendemos que no está bien ser lo que somos y sentir lo que sentimos, que ciertos aspectos de nuestra realidad personal no son aceptables y que debemos fingir, aparentar o escondernos de los demás y de nuestra propia conciencia, o bien intentar cambiar esos aspectos tirando de nosotros hacia lo que se supone que deberíamos ser y sentir. Pero cuando entras y te expones de forma repetida y duradera a ti mismo, a lo que eres y sientes en cada caso, a tu presencia plena, hasta que llegas al lugar de tu conciencia donde descubres que en realidad tampoco eres eso de ahí fuera y de lo que huías, y cuando no hay conflicto entre lo que experimentas y lo que piensas que deberías experimentar, ocurre el milagro de que empiezan a surgir los mejores recursos, sentimientos y cualidades de los que puedes disponer. Todos aquellos aspectos, sensaciones y “debilidades” que presentas en un momento dado, y ante los que muestras cualquier forma de resistencia, se magnifican, te introducen en el conflicto y debilitan tu conciencia. La plena aceptación de todo lo que eres en cada momento dado te integra, te unifica, evitando la separación o disociación más o menos parcial de tu propio yo, y permite la evocación fluida de tus capacidades y principios naturales en su expresión más limpia. Al dejar de luchar o resistirte, consciente o inconscientemente, en cualquiera de las formas, a una parte de lo que en cada momento eres o manifiestas (mediante negación, represión, autoengaño, proyección externa, enfado, control racional-analítico, auto-justificación, distracción-evitación…) dejas de consumir absurda y constantemente toda esa energía psíquica, por lo que tu mente recupera su vigor natural para vivir cada actividad y experiencia con plenitud, y muchas comprensiones que antes te resultaban inaccesibles o superficiales, aparecen ahora de modo súbito en tu conciencia con meridiana claridad. Una planta tiende a crecer porque eso está en su naturaleza, pero si intentas tirar de ella hacia arriba porque quieres que lo haga con mayor rapidez sólo puedes conseguir romperla. Aceptar tu naturaleza y permanecer en tu autenticidad no significan renunciar a mejorar, sino permitirte crecer como lo hace una planta… en verdad del único modo en que es posible el verdadero crecimiento.

(Adicción al Pensamiento AR)

Un Comentario


  • Muchas gracias Pedro por tu extracto del libro. Llegue a ti a través de Raquel Ballester que me recomendo tu post. Me resulta muy clarificador, y más desde mi trabajo con algo que puse el nombre “autoestima profunda”. También noto esta tendencia a liarnos con la autoestima, buscando y buscando ser diferentes a lo que somos en este instante. La trampa de la autoestima. Nuestra natural trampa dual 🙂 Seguiré leyéndote. Un abrazo!

    11 Julio, 2016

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