La trans-formación del psicólogo



“En teoría no debería haber mucha diferencia entre la teoría y la práctica; en la práctica, sin embargo, a menudo la hay” (Anón)

Entre el gremio de los psicólogos es frecuente escuchar y leer acerca de que, en tanto que somos personas, estamos prácticamente tan sujetos como cualquier otro ser humano a experimentar el sufrimiento ante las dificultades de la vida, y que la capacitación técnica para ayudar a otros y el conocimiento psicológico es una cuestión relativamente independiente de eso. Éste es un texto de opinión, debatible sin duda, pero mi opinión aquí es clara: no puedo estar de acuerdo. Y no puedo dejar de tener la sensación de que este planteamiento es no ya una forma de mostrar nuestra humanidad, sino una manera de excusar nuestra probable incoherencia y nuestra incompetencia. La coherencia y la competencia del profesional de la psicología van estrechamente de la mano, de un modo mucho más insalvable e inexcusable que en tantas otras profesiones. Y son las “asignaturas” más difíciles y las que nunca pueden considerarse bien superadas.

Obviando el hecho de que el profesional de la psicología, y más especialmente de la psicoterapia, no es inmune al dolor emocional, su facultad para gestionar de un modo significativamente mejor que el promedio de la población los avatares de la vida es un requisito y un síntoma nuclear de su calidad profesional. Existe, o debe existir, un compromiso por la propia transformación personal hacia la coherencia con nuestro predicamento de aquellas estrategias y comprensiones que fundamentan el equilibrio y la buena gestión de emociones y comportamientos. Un trabajo éste siempre inacabable e imperfectible, pero en definitiva una dirección que determina de manera muy poderosa la manera en que transmitimos e influimos en los demás. En una amplia medida “curamos” por lo que somos, y no sólo por lo que hacemos, en tanto en cuanto una cosa viene muy determinada por la otra.

Pero estimo que este requisito es la parte más difícil y característica de nuestra profesión, la que prácticamente no se contempla en los planes de formación profesional, la que es difícil examinar y cuantificar, la que nos pone en el más delicado punto de mira, y la que requiere una profunda reflexión y debate en el seno de nuestra profesión, para alcanzar una -entiendo yo-  significativa reestructuración de la misma desde sus primeros pasos.

Un Comentario


  • Maria Del Carmen Vivar

    de acuerdo,pero es todo una praxis de disciplina diaria,ser consecuentes y honestos con nosotros mismos para poderlo lograr.En esa lucha de avanzar y retroceder se va logrando la coherencia,la consistencia y la competencia.

    18 Febrero, 2017

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